Emisiones fugitivas: ¿pero cuánto sabe realmente sobre ellas?

02 abril 2026
Emisiones fugitivas: ¿pero cuánto sabe realmente sobre ellas?

Se habla de ellas desde hace más de cuarenta años, pero aún hoy las emisiones fugitivas siguen siendo uno de los ámbitos menos comprendidos —y con frecuencia subestimados— en la gestión de instalaciones industriales.

Para entender realmente de qué se trata, es útil partir de una distinción fundamental.

Las emisiones industriales de tipo atmosférico pueden dividirse, en una primera aproximación, en emisiones canalizadas y emisiones difusas. Las primeras son aquellas que pasan a través de puntos definidos —chimeneas, conductos de descarga— y que pueden monitorizarse de forma continua. Las segundas, en cambio, incluyen todas las liberaciones no canalizadas, distribuidas dentro de la planta y generadas por múltiples fuentes.

Dentro de las emisiones difusas se encuentran las emisiones fugitivas, que representan un subconjunto bien definido y técnicamente relevante.

En términos técnicos, las emisiones fugitivas son liberaciones puntuales y no intencionadas de fluidos de proceso al medio ambiente, originadas en componentes de sellado instalados en equipos en servicio y detectables mediante técnicas instrumentales. Se trata, por tanto, de fugas asociadas a determinados “equipment leaks”, normalmente atribuibles a válvulas, bombas, bridas y otros componentes de tuberías.

Su característica distintiva es doble: por un lado, pueden localizarse; por otro, pueden medirse parcialmente. Y es precisamente esta combinación la que las convierte en un elemento central dentro del marco normativo actual.

Con la evolución de la normativa europea, actualmente encuadrada en la Industrial Emissions Directive (IED), el control de las emisiones ya no se limita a los flujos canalizados, sino que incluye explícitamente la gestión de las pérdidas difusas y, en particular, de las emisiones fugitivas. Las Best Available Techniques (BAT) definen el enfoque de referencia, introduciendo un principio claro: las emisiones deben prevenirse, monitorizarse y reducirse mediante estrategias estructuradas y verificables.

En este contexto, la gestión de las emisiones fugitivas se basa en dos pilares operativos.

El primero es el control de lo existente, normalmente mediante programas LDAR (Leak Detection And Repair). Se trata de actividades sistemáticas de detección instrumental de fugas en los equipos, con el objetivo de identificar, cuantificar y corregir las fuentes emisoras a lo largo del tiempo.

El segundo es la incorporación de componentes diseñados para minimizar las fugas desde su origen. Válvulas, bombas, juntas y sistemas de sellado deben seleccionarse sobre la base de prestaciones demostradas, verificadas mediante ensayos estandarizados y reconocidos internacionalmente. En este ámbito, el concepto de “low emission” no es una declaración, sino el resultado de pruebas de cualificación que certifican niveles de fuga controlados.

Es la integración de estas dos estrategias —la gestión de lo existente y la calidad de las nuevas instalaciones— la que define el verdadero objetivo: la reducción estructural de las emisiones fugitivas.

En este escenario, Carrara se posiciona con una oferta completa en ambos frentes.

Por un lado, una amplia gama de soluciones de sellado —juntas y empaquetaduras— certificadas según normas internacionales y diseñadas para aplicaciones de bajas emisiones, capaces de garantizar prestaciones documentadas en bridas, válvulas y bombas.

Por otro lado, a través de la división FERP (www.ferp.eu), Carrara participa directamente en actividades LDAR, apoyando a los operadores en la detección, cuantificación y gestión de fugas en instalaciones en funcionamiento.

Este enfoque integrado permite abordar el tema de las emisiones fugitivas no como una obligación aislada, sino como un proceso continuo: desde la medición hasta la prevención, pasando por la reducción efectiva de las pérdidas.

Porque, más allá de la normativa, las emisiones fugitivas siguen siendo uno de los indicadores más claros de hasta qué punto una instalación está realmente bajo control.

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